5 de enero, noche de Reyes:
Hola Equipo!!!! Somos Sylvie y Moni,y estamos super emocionadas de contactaros😊 Nosotras vivimos en Nueva Zelanda desde hace años, tenemos un proyecto increible por delante y nos encantaria poder hablar con vosotros antes🙌🙌🙌
¿Nueva Zelanda? ¡Qué fantasía! Además, ¡es el viaje soñado de Juanjo! Y ese proyecto… ¡Qué intriga!
Al día siguiente, entre regalo y regalo de Reyes, estaba respondiéndoles al mensaje para ver de qué se trataba ese proyecto increíble.
Long story short, resulta que quieren crear sus propios viajes personalizados e inclusivos y les encantaría que hiciéramos juntos un viaje piloto.
La idea era doble: descubrir de primera mano cómo es viajar por Nueva Zelanda siendo una persona ciega y, al mismo tiempo, que yo pudiera compartir con Sylvie y Moni mi experiencia y conocimientos sobre accesibilidad, especialmente en aquellos aspectos que, al no ser ciegas, quizá no habían tenido ocasión de conocer.
¿Fue difícil convencernos para lanzarnos de cabeza con este proyecto? ¡Ni de coña! De hecho, poco más de dos meses después de aquel primer mensaje por Instagram estábamos volando rumbo a Auckland.
Eso sí, durante esas semanas, las videollamadas, los WhatsApps y los mails de ida y vuelta para organizar el viaje fueron incesantes.
Llegar a Nueva Zelanda requiere su tiempo, pero yo disfruté especialmente de nuestra escala en el aeropuerto de Shanghái. Sí, volamos desde Dublín vía Fráncfort y China, y ¡tenían unas tiendas monísimas llenas de peluches y blind boxes (esas cajitas sorpresa en las que no sabes qué figurita te va a tocar)!

De hecho, Juanjo y Eric, que habían ido en busca de comida, me sorprendieron con una blind box y un peluche precioso de un panda gordito. Y claro, después Eric me acompañó de nuevo a la tienda, donde me compré un llaverito de peluche de otro panda y, sí, otra blind box.
Aterrizamos en Auckland a las 7 de la mañana, hora de Nueva Zelanda, con unas 12 horas de diferencia respecto a Dublín, desde donde habíamos despegado unas 32 horas antes.
Un alto en el camino: el papeleo
Pero antes de que nos lancemos a la aventura neozelandesa, ¡un poquito de papeleo! Hay dos trámites que debéis preparar con antelación:
- La NZeTA, una autorización electrónica que necesitan los viajeros de determinados países, entre ellos España e Irlanda. Conviene solicitarla con algo de antelación, ya que puede tardar hasta 72 horas en tramitarse, así que no la dejéis para el último momento. Si viajáis con otro pasaporte, comprobad si la necesitáis o si debéis solicitar un visado. La NZeTA tiene una validez de dos años y cuesta 17 dólares neozelandeses si se solicita mediante la aplicación oficial, o 23 desde la web. A este importe hay que sumar, en la mayoría de los casos, una tasa turística de 100 dólares neozelandeses (IVL).
- La New Zealand Traveller Declaration (NZTD), gratuita y obligatoria para todos, incluidos los peques, que podéis rellenar online desde 24 horas antes de comenzar el viaje en avión.
Y ojo con esta última, porque los neozelandeses se toman muy en serio la bioseguridad para proteger sus ecosistemas. ¡Os preguntarán hasta por las suelas de los zapatos! Alimentos, productos de origen animal o vegetal, material utilizado al aire libre… todo cuenta.
De hecho, al llegar nos preguntaron si llevábamos comida y les expliqué que Eric tenía unas chocolatinas del avión y alguna cosilla comprada en el aeropuerto. ¡Afortunadamente, los chocolates superaron el control fronterizo! 😂
¡Por fin en Auckland!
Con todos los trámites superados y nuestras maletas en mano, nos encaminamos a la zona de llegadas, donde Sylvie y Moni nos estaban esperando con sus flamantes sudaderas de Watchout Tours.
A pesar de habernos conocido apenas un par de meses antes, la desvirtualización fue súper emotiva.
Fuimos a buscar nuestro coche de alquiler y, después de una parada rapidísima en el Waipuna Hotel & Conference Centre para dejar maletas, nos fuimos directos al centro de la ciudad.
Nuestra primera mañana en Auckland
Nuestra primera parada para desayunar y cargar pilas fue Federal Delicatessen, deli al estilo neoyorquino, muy cerca de la Sky Tower. Es un sitio bastante famoso en Auckland, pero no tuvo todo el éxito que esperábamos, especialmente con Eric. Mientras su señor padre y yo disfrutábamos de un buen sándwich de pastrami, una de las especialidades de la casa, él prefirió salir después en busca de una pastelería para comprarse un cruasán.
Con el estómago lleno y cafeína en vena para quien la necesitaba, subimos a la Sky Tower.
Algunas curiosidades sobre la Sky Tower
- Mide 328 metros: es la estructura más alta de Nueva Zelanda.
- Se inauguró en 1997: forma parte del complejo SkyCity, en pleno centro de Auckland.
- Tiene tres niveles de observación: se puede subir en ascensor hasta la planta 60. El Main Observation Level, en la planta 51, está a 186 metros; The Lookout, en la planta 53, a unos 194 metros; y el Sky Deck, en la planta 60, a 220 metros.
- Vistas de hasta 80 kilómetros: en días despejados, desde sus miradores se pueden distinguir distintos puntos de Auckland y sus alrededores.
- Ofrece actividades para quienes buscan adrenalina: el SkyWalk, un paseo exterior por una plataforma a 192 metros de altura, y el SkyJump, un salto controlado desde esa misma altura. Y desde nuestra visita ha abierto una atracción más, el SkyRide, en la que te sujetan con un arnés, te elevan por el exterior de la torre y te hacen descender de forma controlada.

Además, en el mirador principal de la planta 51 hay una parte del suelo que es de cristal, que para algunas personas puede ser algo impresionante. Y justo arriba, en la planta 52, se encuentra el Orbit 360° Dining, un restaurante giratorio situado a 190 metros de altura. Mientras comes, el restaurante va girando para ofrecer una panorámica completa de Auckland.
La sensación de subir a tanta altura en el ascensor es muy chula. ¡Menudo tirón pega para salvar tantos metros! Y a Eric le encantó caminar sobre el suelo de cristal del mirador principal.

Pero una de las cosas que más nos gustó fue, curiosamente, la tienda de souvenirs. Allí pudimos tocar pequeñas miniaturas de la torre y hacernos una idea mucho más clara de su forma: como un enorme pirulí, con una especie de aro bastante arriba que la rodea y donde se encuentran los miradores.
Como hacía un día espléndido de principios de otoño, al salir de la Sky Tower aprovechamos para pasear por el centro de Auckland. Nos encontramos con un montón de tiendas, algunas de mis favoritas, como Lush y Pop Mart, y el waterfront de la ciudad nos recibió con el olor a salitre del mar y el tintineo de los mástiles de las embarcaciones allí atracadas.

Después de unas cuantas explicaciones por parte de Sylvie y Moni sobre lo que estábamos viendo y, por supuesto, de unas cuantas fotitos y vídeos, llegó el sweet moment del día: nos llevaron a una de las heladerías más top de Auckland, si no la más top, la heladería Giapo.
Confieso que para ese momento yo empezaba a estar fundida, porque apenas había dormido durante los vuelos, y solo me tomé una discreta tarrina de helado de limón. Pero entonces… llegó el helado de chocolate con avellanas de Juanjo. Aquello no era un cucurucho, era un monumento al chocolate tan gigantesco que necesitaba su propio código postal.

Entre lo delicioso y lo espectacular, comprendimos por qué la fama de Giapo.
Cuando Juanjo logró terminarse semejante aberración chocolatil, nos fuimos al hotel para descansar un poco y cenar en su propio restaurante.
El hotel me gustó. El ascensor tenía la botonera en braille y anunciaba las plantas, y además estaba al ladito de un lago, un poco a las afueras de Auckland, así que se oían muchos pajaritos y se estaba muy tranquilo.
Después de tantas horas de viaje, emociones, descubrimientos y un helado de dimensiones urbanísticas, tocaba descansar. ¡Y esto no había hecho más que empezar!
Hola, Núria!
Me ha hecho mucha gracia ver que fuisteis al Federal Delicatesen a desayunar. Nosotros también fuimos en primer dia de Auckland porque está al lado del Weta Workshop. A nosotros nos gustó mucho, especialmente el ambiente.
Que ganas se seguir leyendo vuestros relatos de Nueva Zelanda.
Holiii! lo mismo puedo decir yo de ti. ¡Qué ganas de empezar a leer vuestras aventuras por Aotearoa también!
Nos gustó mucho el Federal, además está super bien ubicado. Confieso que no pude terminarme el bocata de pastrami pero estaba muy bueno jaja. Quería meter el Weta aquí pero me pareció ya excesiva la entrada, así que os tocará esperar un poquito ;).
Una abraçada!